Cara a cara con la gran tormenta

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Imagínese por un momento en un barco en mar abierto, y que, de manera repentina, las condiciones climatológicas cambien drásticamente. Ya no tiene más opción que enfrentar la gran tormenta.

Como buen marinero, revisa que todos los recursos del barco funcionen de forma óptima para minimizar los daños que indudablemente sufrirá su nave, y en especial porque usted es el responsable de proteger las vidas humanas que le acompañan en la travesía. Corrobora la cantidad de combustible, hace una revisión del casco de la nave, del agua disponible, del botiquín de primeros auxilios, y como es consciente que no podrá confiar en sus cinco sentidos, cuando la visibilidad no sea óptima, revisa que los instrumentos de navegación funcionen adecuadamente.

Como capitanes y tripulación, así se encuentran los gobiernos y ciudadanos del mundo, combatiendo los embates de la tormenta llamada Covid-19, que ha venido a cambiar bruscamente la vida de todas las personas. Los buenos marineros en todo el planeta, han estado tomando las precauciones adecuadas, siguiendo las recomendaciones de las autoridades tanto nacionales como internacionales. Algunos con mayor éxito que otros, sin embargo, es un hecho que todos los seres humanos sin excepción estamos envueltos en esta travesía.

Definitivamente las medidas de distanciamiento social, la detección temprana con la aplicación masiva de pruebas, el seguimiento detallado de cada caso y la disciplina de los ciudadanos; han sido parte vital de esas mejores prácticas que han logrado apalear los efectos adversos en la salud de las personas y en evitar la saturación de los servicios médicos.

Nos encontramos recibiendo los primeros embates, y estas medidas no son, bajo ninguna circunstancia, sostenibles; dado los efectos económicos y sociales que traerá este fenómeno en la vida de cada ciudadano y sobre todo de los más vulnerables.

Como mencioné, el marinero sabe que debe confiar más en sus instrumentos de navegación que en sus propios sentidos, para tomar decisiones tácticas y estratégicas que le permitan evadir de manera eficiente los efectos adversos que trae esta pandemia.

En definitiva, estos instrumentos de navegación en medio de la tormenta del Covid-19 son equivalentes a los “Datos”.

Los datos están presentes en cada evento, situación y lugar; son producidos por las personas y cuando son gestionados y analizados de manera científica e inteligente, se transforman en información; cuentan historias que permiten, mejorar el proceso de toma de decisiones y predecir.

Es decir, que es posible predecir la evolución de la enfermedad, para que los gobiernos puedan tomar decisiones eficientes y efectivas, evitando la parálisis generalizada de las medidas de aislamiento social, cuyos efectos finales no se sabe si serán más dañinos que la propia enfermedad; solo el tiempo lo dirá.

Varios marineros en el mundo, como los gobiernos de Corea del Sur, Alemania, Taiwán y China, han logrado aislar y dar trazabilidad a los casos de forma pormenorizada y han logrado más rápidamente que otras naciones, evadir rápidamente la tormenta.

Han salido más rápido de la parálisis del aislamiento social y el cierre generalizado de la economía y poco a poco van flexibilizando las medidas; esto porque confían en la buena gestión que han desarrollado sobre sus datos, en donde al mismo tiempo, se protege la intimidad de las personas.

En Latinoamérica contamos con la tecnología y el talento para dar pasos de gigante en esta vía y contar con instrumentos de navegación eficientes, fundamentados en el uso de prácticas y tecnologías avanzadas de gobierno de datos y analítica, que permitan tomar decisiones de política pública rápidas, como respuesta a los efectos de cada gran ola de la pandemia.

De este modo, las medidas de trazabilidad de casos, inversiones en salud, necesidades de seguridad y el aporte solidario se decide con base en la evidencia, por lo tanto, las decisiones son mucho más eficientes y la respuesta de cada embate del Covid llega a tener menos efectos adversos en la población.

Se requiere de voluntad política y agilidad en la toma de decisiones en este sentido, pues de otro modo, seguiremos ciegos y paralizados en medio de esta gran tormenta.

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